El certificado para el usuario

Los modelos tradicionales de Propiedad Intelectual se basaban en el reconocimiento de los derechos del autor previo registro de la obra sobre la que recaían. Este modelo, que de hecho sigue vigente para la propiedad industrial (patentes, marcas, etc.), ha sido abandonado en los sistemas modernos.

Actualmente, en todos los países de nuestro entorno socio-económico, los autores no están sometidos a un registro previo obligatorio sin el cual sus obras caen en el Dominio Público. El autor lo es, y tiene los derechos sobre la obra, por el mero hecho de la creación, entendida como la plasmación de la idea en un soporte concreto, ya sea digital o analógico.

La desaparición del registro obligatorio, quedando como algo voluntario a los efectos de establecer una presunción de autoría y titularidad de derechos, permite proteger al autor y flexibilizar su labor, al no depender la misma del pago de tasas por la inscripción ni someter al control administrativo sus obras.

Si bien este sistema es aceptable por lo expueso, lo cierto es que en un entorno donde las obras digitales circulan por todo el mundo de manera instantánea y están sometidas a diferentes condiciones de licencia como las Creative Commons, se manifiestan con mayor evidencia algunos problemas que atañen especialmente a la seguridad jurídica.

Así por ejemplo, antes de que se popularizasen las licencias lo habitual era que las obras estuviesen sometidas al régimen de copia limitada y que ningún uso posterior, particularmente los tendentes a obtener un beneficio económico, pudiese llevarse a cabo sin el consentimiento del autor o titular de los derechos.

Así, la persona que quería utilizar una imagen, por ejemplo para una campaña publicitaria, debía ponerse en contacto con el autor, negociar y obtener el permiso correspondiente para el uso concreto. Así el empresario obtenía la seguridad jurídica de estar autorizado para el uso de la obra de manera directa.

Actualmente es posible encontrar obras en las que se permite una utilización para cualquier fin con condiciones muy concretas sin que exista referencia o posibilidad de contactar directamente con el autor. Sin embargo surgen dos problemas que afectan a la seguridad jurídica.

Por un lado, como tener una mínima garantía de que la obra o los derechos sobre la misma son de quien aparece en la web y, por otro lado, como tener una mínima seguridad de que si la empresa de publicidad utiliza la obra respetando las condiciones de licencia no será perturbada mañana porque el autor las haya cambiado y la empresa no pueda acreditar que cuando accedió a la misma estaba autorizado a hacer el uso que efectivamente hizo.

Safe Creative ha desarrollado, como extensión evidente de su sistema de registro, un servicio de certificación de obras en su depósito con el fin de resolver el problema de inseguridad jurídica puesto de manifiesto.

Así, los sistemas de Safe Creative no sólo sirven para que el autor pueda acreditar su autoría en un fecha concreta frente al tercero que se atribuye la misma, sino que además permiten a las empresas obtener la garantía jurídica de una declaración de un autor sobre la titularidad de sus derechos y una certificación de que en el momento en que decidieron utilizar una obra concreta la misma estaba sometida a unas determinadas condiciones de licencia por expresa voluntad del titular de los derechos.

La empresa que está interesada en la obra obtiene así una garantía de que no será perturbada en su uso, siempre que el mismo sea legítimo.

Pero además este servicio de certificado tiene como consecuencia, al remover los temores a un cambio de improviso en la licencia que pueda afectar a la empresa, impulsar las posibilidades de negocio de los artistas que deciden emplear licencias abiertas tipo Creative Commons.

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